neurodiversidad

El poder de la neurodiversidad

De la misma manera que utilizamos el término “biodiversidad” para referirnos a las diferentes especies de plantas y animales, necesitamos un término para referirnos a los diferentes tipos de cerebros y sus características: Neurodiversidad.

El concepto de neurodiversidad implica entender al ser humano como un ecosistema, con sus fortalezas y debilidades. Por tanto, en lugar de etiquetar como discapacitadas a las personas que presentan dificultades, problemas o características diferentes, desde la neurodiversidad nos centramos en el potencial, las habilidades y las capacidades individuales que hacen a cada persona única.

Si lo enfocamos de esta manera y nos concentramos más en las capacidades y menos en las dificultades, estamos reforzando la autoconfianza y el autoestima, ayudando a reunir el valor necesario para perseguir los sueños y alcanzar el éxito, fomentando el descubrimiento de intereses y el desarrollo de habilidades, que pueden ser distintas a las que tradicionalmente se consideran útiles o adecuadas.

¿Es posible que tengas un pequeño Einstein en casa?

Algunas de las personas que han pasado a la historia por su inteligencia eran neurodiversas. Aunque no podemos estar seguros al 100%, hoy en día creemos que Albert Einstein tenía dislexia; porque empezó a hablar más tarde de lo habitual cuando era pequeño, le costaba leer en voz alta, tenía dificultades para recordar palabras y por tanto no era un buen estudiante cuando se trataba de memorizar.

Pero todo cambió cuando estudió en una escuela que promovía el pensamiento y el aprendizaje creativo. Él aprendía mejor en ambientes creativos porque percibía el mundo desde una perspectiva única y diferente. Y esa es la razón por la cual su capacidad para pensar creativamente le permitió hacer descubrimientos que otros científicos no habían sido capaces de pensar, convirtiéndose en un prodigio.

Condiciones del neurodesarrollo

Existe un espectro infinito de estas condiciones, y según los manuales psicológicos, algunas de las condiciones más comunes son: trastorno por déficit de atención, con o sin hiperactividad (TDAH), trastorno del espectro autista (TEA), trastornos específicos del aprendizaje (dislexia, discalculia, disgrafía, disortografía…), trastornos del lenguaje y la comunicación (tartamudez, trastorno fonológico, trastorno de la comunicación social…), trastorno del desarrollo intelectual (retraso global del desarrollo, discapacidad intelectual…) y trastorno de la coordinación motora o dispraxia.

Desafíos similares en diferentes condiciones

Aunque cada cerebro y persona es diferente, normalmente nos encontramos con síntomas muy parecidos y estos pueden afectar al día a día de maneras diferentes. Los síntomas más comunes son: problemas de conducta, dificultades para socializar, problemas para concentrarse y mantener la atención, impulsividad, dificultades para organizarse, nerviosismo, dificultades para leer y escribir, y problemas para dormir…

¿Cómo podemos ayudar?

Independientemente de las características de las personas, es importante tener en cuenta una serie de pautas y hábitos de vida saludables, porque aunque no se pueden considerar un tratamiento específico, todas ellas pueden ser muy útiles para prevenir y mejorar las dificultades y/o alteraciones en el neurodesarrollo.

Uno de los hábitos más importante es tener una dieta equilibrada: evitar los alimentos procesados (conservantes, colorantes, grasas, azúcar, etc) y consumir más alimentos frescos. Es recomendable aumentar el consumo de frutas y verduras para beneficiarnos de sus vitaminas y es muy importante comer con frecuencia frutos secos, semillas y pescado azul, porque nos ayudará a tener un buen equilibrio de Omega-3 y Omega-6, ya que estos forman el 35% del peso total del cerebro, son vitales para el desarrollo, se recomienda incorporarlos en nuestra dieta en un equilibrio adecuado y según las evidencias científicas, sufrir un déficit o desequilibrio puede estar relacionado con problemas en el desarrollo y dificultades de aprendizaje. El cuerpo humano no puede fabricar Omega-3 y Omega-6, y por tanto, solamente podemos obtenerlos mediante alimentación o suplementación.

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