La siesta, un hábito de vida saludable

La siesta además de en España se encuentra arraigada en algunos países de Latinoamérica, China, Taiwán, Filipinas, India, Italia, Grecia, Oriente Medio y África del Norte. Esta palabra viene de la hora sexta romana, que designaba la hora solar sexta, correspondiente a las 12 del mediodía con respecto al sol, o sea, alrededor de las 14 horas, momento en el cual se hacía una pausa de las labores cotidianas para descansar y reponer fuerzas.

 

Personajes como Albert Einstein y Winston Churchill, fueron grandes entusiastas de la siesta, tal es así que los cronistas aseguran que los colaboradores de Churchill quedaban rendidos cuando él andaba tan campante a primeras horas de la madrugada en la época de la Segunda Guerra Mundial. El premio Nobel, Camilo José Cela, con su sarcasmo e ironía habituales, ensalzó la práctica y disfrute de esta costumbre tan española. El maestro afirmaba que la siesta había que hacerla “con pijama, Padrenuestro y orinal”.

 

Hoy los especialistas confirman que la siesta es una costumbre mediterránea muy saludable y constituye un hábito de vida saludable, pero recomiendan que no excedan los 30 minutos, ya que un exceso en su duración puede perturbar el sueño nocturno.

Por otro lado, es una consecuencia natural del descenso y redireccionamiento de la sangre desde el sistema nervioso al aparato digestivo después de la comida, lo que provoca una cierta somnolencia, especialmente si tenemos en cuenta lo copioso de nuestras comidas frente a otras dietas europeas que distribuyen las comidas abundantes más hacia el principio de la jornada, a la hora del desayuno.

 

La siesta es positiva ya que varios estudios han demostrado que mejora el estado de alerta e incrementa la capacidad de concentración por la tarde. En general la siesta mejora la salud y previene el agobio, la presión o el estrés. Además, favorece la memoria y los mecanismos de aprendizaje y proporciona la facultad de prolongar la jornada de trabajo al poderse resistir sin sueño hasta altas horas de la noche con poca fatiga acumulada. Así, pues, podemos concluir que la siesta es un hábito de vida saludable al que no habríamos de renunciar.

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