Cansancio

La sociedad eternamente cansada

Hoy vamos a tratar uno de los temas de los que más se ha escrito y hablado: sobre la importancia de dormir bien (y las consecuencias de no hacerlo). A estas alturas ya debéis saber aquello de dormir como mínimo ocho horas, no pasarse con las bebidas estimulantes, vigilar con lo que cenamos e intentar realizar actividades relajantes antes de conciliar el sueño.

No estamos, sino que somos personas hiperestresadas

El problema es que la sociedad en la que vivimos nos está conduciendo cada vez más hacía un universo ultra estresante en el que estamos sobre estimulados y en el que no tenemos tiempo para nada, sobre todo en las grandes ciudades. El día debería tener más horas ¿verdad? ¿Cuántas veces nos hemos repetido esto? Cada vez están surgiendo más tendencias que rechazan este estilo de vida en el que nos hemos visto inmersos y el cual nos ha hecho olvidarnos de cuidar nuestro interior, de conocernos a nosotros mismos, de disfrutar y hablar con nuestros seres queridos y de, simplemente, vivir.

La situación ha llegado a un límite en el que a la gran mayoría de personas nos es prácticamente imposible dormir ocho horas y nos acabamos conformando con seis o siete horas en el mejor de los casos. Esto que, a priori, nos puede dar la falsa sensación de aprovechar más el día, no hace más que perjudicarnos física y emocionalmente, ya que el hecho de no poder beneficiarnos de un sueño reparador puede tener consecuencias más que graves para nuestra salud.

De la importancia de saber lo que ocurre en nuestro interior

Uno de los inconvenientes que nos encontramos actualmente es que, al habernos acostumbrado a tanto frenesí, no sabemos detectar cuando estamos cansados y precisamos de un buen sueño reparador. Nos es muy difícil saber si estamos estresados, cansados o simplemente necesitamos un poco de tiempo para nosotros mismos.

Sin ir más lejos, el otro día me sentía muy agobiada sin saber por qué; diría que saturada era la palabra exacta. Me costaba pensar con claridad, entablar conversaciones como lo hago habitualmente y me sentía entristecida. A medida que fueron avanzando los días (durante los cuales mi ritmo no descendió), estos síntomas fueron empeorando hasta que llegué al punto de no reconocerme al hablar. Vale, pensaréis que esto quizás es un poco exagerado ¿verdad? Pues bien, es real y lo que me pasaba tenía una solución tan fácil como dormir bien, tomarme las cosas con calma y dedicarme tiempo a mimarme y cuidarme.

¿Cómo podemos conseguir esto en la época que vivimos?

Supongo que la clave es tomar conciencia de todo esto que hemos comentado y empezar a tener respeto hacia nuestro cuerpo (y nosotros mismos). Creo que es importante que sepamos marcarnos unos límites y normas para tratar de vivir con el máximo bienestar posible. En mi caso, por ejemplo, me he obligado a dormir un mínimo ocho horas al día aún a riesgo de reducir mi vida social.

Paremos un momento y, simplemente, no hagamos nada más que disfrutar de esta maravillosa vida y de todo aquello que nos rodea ¿estamos preparados para ello?

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