De la importancia de mantener el intestino de los niños en buenas condiciones

Hemos hablado con la Doctora Farida Kafikova pediatra especialista en gastro-medicina integrativa, tanto de niños como de adultos, sobre la importancia del sistema inmune de los más pequeños y como mantenerlo en buena forma.

Después de nuestra conversación me quedó claro lo importante que es cuidar de nuestro intestino si queremos disfrutar de una buena salud tanto física como mental (sí, sí, habéis leído bien).

En primer lugar, una pregunta básica. ¿Cuáles son las diferencias entre el sistema inmune de los niños y el de los adultos?

La diferencia más evidente es que el sistema inmune de los niños tiene una respuesta más rápida. Eso quiere decir que tiene una reactividad más elevada, ya sea en el proceso de contracción o en el de la solución, lo que es un verdadero beneficio. Nada que ver con el de los adultos. Cabe destacar que los niños que han recibido lactancia materna tiene una respuesta inmune más elevada que los que no lo han hecho.

¿Por qué se ponen enfermos los niños?

Hay muchos factores que influyen en este proceso.

Un 30-50% tiene que ver con la predisposición genética. Un 50-70% con la epigenética, es decir con todo aquello que incluye nuestro entorno y contaminación. También incluye la vida de la madre antes de quedarse embarazada, desde su nacimiento hasta el momento en que se quedó embarazada. También los antecedentes familiares. Hay que mirar atrás, esto es realmente importante.

¿Es bueno que los niños se pongan enfermos?

Si por enfermos entendemos a que estén en contacto con otros microorganismos sí, entonces es bueno que se pongan enfermos. Me gusta diferenciar entre, por ejemplo, catarros funcionales y patológicos. Los funcionales se dan cuando un microorganismo se encuentra con otro y hay un intercambio de microflora, como pasa cuando los niños van a la guardería. Esto es una forma de inmunizarse natural y muy necesaria. Los niños que no están habitualmente en contacto con otros niños hasta una edad más tardía (8-9 años) tienen más riesgo de generar enfermedades graves que un niño que con un año empieza a ir a la guardería.

Si estamos hablando de algo que pueda ser patológico entonces deberíamos ir al médico, pero mientras no sobrepase a una infección bacteriana, no debemos preocuparnos y más bien, tomarlo como un proceso normal. Yo siempre hablo de buscar el equilibrio en todo. Antes los padres tardábamos mucho en ir al pediatra y ahora vamos demasiado pronto. Ni un extremo ni el otro.

Mucho se ha hablado de la importancia de la lactancia materna ¿Verdaderamente es tan necesaria? ¿Cuáles son sus beneficios?

Hoy en día encontramos opiniones de todo tipo, pero yo, personalmente, estoy 100% a favor de dar el pecho. Eso sí, siempre evitando los extremos y obsesiones. Hay niños, por ejemplo, que quieren la leche materna hasta los 5 años de edad, y eso no es saludable, ni para la madre ni para el niño. Hay que observar e intentar seguir el curso de la naturaleza, eso quiere decir que, por ejemplo, cuando al niño le empiezan a salir los dientes, seguramente signifique que necesita empezar a consumir otro tipo de alimentos. Los odontopediatras saben bien que cuando esto sucede el niño tiene que empezar a masticar la comida, tiene que haber una evolución para que el organismo empiece a absorber nuevos nutrientes que serán beneficiosos para la microbiota intestinal. De lo contrario este proceso sucedería más tarde.

Entonces, yo soy partidaria de aprovechar al máximo los beneficios de la leche materna durante el período que le pertenece.

¿El hecho de tomar o no leche materna tiene repercusiones en nuestra etapa adulta?

Sí, por supuesto. Tiene consecuencias a corto y a largo plazo. A corto plazo estamos estimulando y construyendo el sistema inmune de los niños a través de los microorganismos que contiene y que benefician su flora intestinal. Estamos ayudando al niño a defenderse de los patógenos de este mundo.

A largo plazo estamos haciendo una inversión para que al cabo de unos años pueda disfrutar de un intestino saludable, que es el primer órgano inmunológico. Cada vez estamos tomando más consciencia de la importancia de tener una microbiota intestinal adecuada.

Y en todo este proceso, ¿Qué papel juega la mamá?

Recibir una lactancia materna adecuada es muy importante, pero también lo es que esta provenga de una mamá sana, es decir, que no fume  ni tome drogas, coma saludable, beba agua, no abuse de medicamentos…Muchas madres entran en la consulta después de haber fumado, la cual cosa me horroriza, porque, entre otras cosas, un solo cigarrillo neutraliza todos los efectos positivos de la leche materna.

¿Y para aquellas mamas que no quieran/puedan dar el pecho?

En primer lugar es importante no agobiarse y tener claro que no se es una mala madre por el hecho de no poder dar el pecho. En segundo lugar, saber que hay muchas alternativas que se acercan casi al 100% a la leche materna. Hace poco, una marca muy conocida ha sacado una fórmula que ofrece una leche casi idéntica a la de la madre.

En el desarrollo del sistema inmunológico del niño, ¿Qué papel juega el intestino?

El intestino es nuestro primer órgano de defensa. Hay una relación directa entre flora intestinal y sistema inmune, y cada vez hay más estudios que lo constatan. Cuando nuestra flora intestinal entra en déficit nuestro sistema inmune se debilita y por lo tanto, empieza a dejar pasar los patógenos. Si mantenemos nuestra microbiota intestinal en forma tendremos un sistema inmune más reforzado. Hay que tener en cuenta que el 70% de la serotonina, la hormona de la felicidad, se segrega en el intestino, no en el cerebro. Es decir, la mayoría de cosas provienen de ‘’ahí abajo’’ y no del cerebro, tal y como se cree.

¿Cómo podemos reforzar la flora intestinal de los niños?

Con una terapia preventiva basada en el uso de los probióticos. Por ejemplo, podemos empezar a darles probióticos cuando empiezan el cole y terminar la toma, aproximadamente, en febrero o marzo según lo que dure la época de frío. Por supuesto, su uso será casi imprescindible en casos de gastroenteritis infecciosa, vírica o bacteriana y con la toma de antibióticos para prevenir diarreas asociadas a esta terapia.

Por último y no menos importante, tener en cuenta que muchos medicamentos dañan profundamente la flora intestinal, con lo que debemos intentar no abusar de ellos.

 

 

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