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La felicidad, un camino hacia la paz interior.

De una forma u otra, todos buscamos la felicidad. A pesar de que esta búsqueda es un deseo casi universal, sólo unos pocos pueden encontrarla. Tal vez es por ello que el tema merece muchas consideraciones:

En primer lugar, ¿por qué tenemos cierta dificultad en definir el verdadero significado de la felicidad? En segundo lugar, ¿por qué se nos complica materializarla en actos reales? En otras palabras, muchos quieren ser felices e incluso sueñan con ello, pero no tienen por sí solos la responsabilidad y la capacidad de llevar a cabo las acciones que les permitan tenerla

En tercer lugar, para alcanzar la felicidad se requiere tener actitud y aptitud.  Y lo digo porque de vez en cuando, nos olvidamos de nuestro papel en esta búsqueda. Ciertamente, la felicidad no cae del cielo o crecer en los árboles. Para ser feliz,  necesitamos la actitud y la aptitud, esto es querer ser feliz y tener la capacidad de ser feliz.

La filosofía en la época helenística creía  en la felicidad y defendía la tesis de que sólo cuando la conquistásemos  alcanzaríamos  la paz interior y la tranquilidad.   Materializarla era posible desde el momento en que la satisfacción se percibía como un producto de nuestras propias decisiones y actitudes.

Por lo tanto, la felicidad no es algo circunstancial o pasajero, sino un objeto que hay que conquistar día tras día y durante todo el viaje de la vida. Es un error común  esperar que la felicidad provenga de otros o que se trata de una oferta del exterior. Se trata de una producción única y exclusivamente nuestra.   Ser feliz es un verbo que solo podemos o debemos conjugar en primera persona.  Para ello, tenemos que llegar a nuestra homeostasis emocional y nuestro equilibrio interior. No seremos felices sin paz interior. La felicidad no prospera sin la organización emocional interna.

El gran error es por supuesto querer encontrar la felicidad fuera de nosotros. Es un estado, que resulta como consecuencia de “ser” y no de “tener”.  El acto o la circunstancia de “tener” mucho o poquito no nos genera felicidad, sin embargo la paz que nos resulta entender que “somos” permite un terreno fértil para la germinación de ella.

Es entonces en este momento en que surge la pregunta. ¿Cómo lograrlo?  Responder esa pregunta equivale a enseñar el mapa que nos indica donde está el tesoro.  Elaborar ese mapa y hacerlo entender requiere tiempo… tiempo que ya tendremos en próximas entradas.  Entre tanto, si quieres recibir un buen consejo para llevar una vida sana y feliz, por favor pincha aquí.

 

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